Oraciones del Rosario
Juan Pablo II
"Nuestro corazón puede encerrar en estas decenas del Rosario todos los hechos que componen la vida de cada individuo, de cada familia, de cada nación, de la Iglesia y de la humanidad: los acontecimientos personales y los del prójimo y, de modo particular, de los que más queremos. Así, la sencilla oración del Rosario late al ritmo de la vida humana".
Quince promesas de la Santísima Virgen
- Quienes mantengan asiduamente la devoción al Santo Rosario con amor recibirán abundantes gracias especiales que Nuestra Señora prometió a San Simón para todos sus hijos.
- 1ª.- El Rosario es una arma poderosa para no ir al infierno, destruirá los vicios, disminuirá los pecados y los defenderá de las herejías.
- 2ª.- Prometo mi protección y las gracias mas grandes a aquellos que recen el Rosario.
- 3ª.- Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades y los elevará en su deseo por las cosas eternas.
- 4ª.- Las mismas almas se santificarán por este medio.
- 5ª.- El alma que se encomiende a mi en el Rosario no perecerá.
- 6ª.- Quien rece el Rosario devotamente y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una muerte violenta y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios y tendrá la recompensa de la vida eterna.
- 7ª.- Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
- 8ª.- Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida y en la hora de su muerte encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, en la hora de la muerte participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.
- 9ª.- Libraré del purgatorio a quienes recen el Rosario devotamente.
- 10ª.- Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
- 11ª.- Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario.
- 12ª.- Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
- 13ª.- Mi hijo me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la muerte.
- 14ª.- Son mis niños aquellos que recitan el Rosario y hermanos y hermanas de mi Único Hijo, Jesucristo.
- 15ª.- La devoción a mi Rosario es una gran señal de predestinación.
Indulgencias concedidas al Rosario
A. Indulgencia Plenaria . La Iglesia concede indulgencia plenaria, una vez al día, al que rece una tercera parte del Rosario en una Iglesia, en un oratorio público, en familia o en una comunidad religiosa o asociación piadosa.
B. Indulgencias Parciales . La Iglesia también concede una indulgencia parcial por cada una de las Avemarías que se rezan durante el Rosario.
C. Condiciones necesarias para obtener las indulgencias : - Que se recen las cinco decenas del Rosario sin interrupción. - Que las oraciones sean recitadas y los misterios meditados. - Si el Rosario es público, los Misterios deben ser anunciados. - Haber realizado en ese día: Confesión Sacramental, Comunión Eucarística, Oraciones por las intenciones del Papa.
Si no se cumplen todas las condiciones, puede aún ganarse indulgencia parcial. La indulgencia plenaria solo puede ganarse una vez al día (excepto en peligro de muerte).
El Santo Rosario (del latín rosarium «rosal») es un rezo tradicional católico, que conmemora veinte "misterios" de la vida de Jesucristo y de la Virgen María, recitando después de cada uno un Padre nuestro, diez Ave María y un gloria.
También se llama "rosario" a la sarta de cuentas que se utiliza para rezar el Santo Rosario. Las cuentas están separadas cada diez por otras de distinto tamaño y la sarta está unida por sus dos extremos a una cruz
El Rosario comenzó a utilizarse en el catolicismo alrededor del año 800. En los monasterios se suelen recitar los 150 salmos en la Liturgia de las Horas, pero a los fieles que no eran sacerdotes ni monjes, al no poder seguir esta devoción (porque en su mayoría no sabía leer) se les enseñó una práctica más sencilla: la de recitar 150 avemarías. Esta devoción tomó el nombre de "el salterio de la Virgen".
Su popularidad y desarrollo se dio en el s. XIII, cuando surgió el movimiento albigense, un grupo de iluminados que negaban varias doctrinas esenciales de la Iglesia Católica y que llegó a convertirse en un grupo violento. Ante los enfrentamientos entre la Iglesia y los albigenses, santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden de los Predicadores (más conocidos como dominicos), parece haber promovido en sus misiones el rezo de una forma primitiva del Rosario. Al ser los dominicos una orden de predicadores y estar siempre en medio del pueblo, su devoción se hizo popular, generando la aparición de cofradías y grupos de devotos por doquier, junto con relatos de milagros que acrecentaron su fama. Aunque la devoción decayó durante el siglo XIV, la orden de los Predicadores siguió fomentándola.
El beato Alano de la Rupe fue el encargado de hacerla resurgir, tarea seguida por Jacobo Sprenger, prior del convento de los dominicos en Colonia (Alemania). Para el siglo XVI ya estaba con su forma manejada hoy: Contemplación de los "misterios", Credo, Padre nuestro y Ave María como oraciones principales y las cuentas o granos como medio de llevar la oración.
Sobre el Avemaría es preciso señalar que la segunda mitad de la oración fue añadida a la primera en el siglo XIV, pero su uso se hizo universal cuando el papa san Pío V promulgó el Breviario Romano y mandó que se rezase al principio de cada hora del Oficio Divino, después del Padre nuestro.
Fue la batalla de Lepanto la que causó que la Iglesia le diera una fiesta anual al rezo del Rosario, ya que el papa San Pío V atribuyó la victoria de los cristianos sobre los turcos a la intercesión de la Virgen María mediante el rezo del Rosario. La fiesta fue instituida el 7 de octubre. Primero se la llamó "Nuestra Señora de las Victorias", pero el papa Gregorio XIII la cambió por la fiesta de "Nuestra Señora del Rosario".
Un fenómeno muy importante en torno a esta devoción fue el de los Rosarios públicos o callejeros, que surgieron en Sevilla en 1690 y se extendieron muy pronto por España y sus colonias americanas. Eran cortejos precedidos por una cruz y que constaba de faroles de mano y asta para alumbrar los coros y estaban presididos por la insignia mariana denominada Simpecado. Fue la principal referencia de la devoción y en Sevilla llegó a haber en el siglo XVIII más de 150 cortejos que diariamente hacían su estación por las calles rezando y cantando las avemarías y los Misterios. Los domingos y festivos salían de madrugada o a la aurora. Al principio eran masculinos, pero ya en el primer tercio del XVIII aparecieron los primeros Rosarios de mujeres que salían los festivos por la tarde.
Hasta el día de hoy, el Rosario sigue expandiéndose como devoción predilecta y ha sido tomada como oración universal y recomendada por papas y santos.
En Fátima (Portugal), en 1917, un grupo de niños alegó haber experimentado una aparición de la Virgen María, quien les habría revelado que cada vez que se reza un Ave María es como si se le ofreciera una rosa, de tal suerte que cada Rosario completo sería una corona de rosas (concepto que había sido mencionado tiempo atrás por San Luis María Grignion de Montfort en su obra Secreto admirable del Santo Rosario).
El 16 de octubre de 2002, el Papa Juan Pablo II promulgó la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, en la que aprobó que se añadieran cinco nuevos Misterios al Rosario, los misterios luminosos, según se describe más abajo. La introducción de estos Misterios ha sido la única reforma sustancial en este rezo después de varios siglos.
Fonte: http://es.wikipedia.org/wiki/Rosario_(cristianismo)
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